Camahueto: Sinfonías del sur de mundo en clave progresiva

Camahueto es una banda chilena de rock progresivo que construye su identidad musical a partir de la fusión entre el sinfonismo clásico del prog y elementos propios del imaginario y la sensibilidad latinoamericana.

Con composiciones extensas, cambios de clima bien trabajados y un cuidado énfasis en los arreglos, el grupo desarrolla un sonido que privilegia tanto la narrativa instrumental como la expresión emocional.

El año pasado, el sello Mylodon Records editó finalmente al mercado la edición física de su disco debut llamado “Reflejos”, la que incluyó 2 bonus tracks que fueron anexados a la versión original lanzada de manera virtual durante el 2024.

Sus temas se caracterizan por el uso protagónico de teclados, guitarras elaboradas y secciones rítmicas dinámicas, dando forma a paisajes sonoros que oscilan entre lo introspectivo y lo épico.

Tras la edición de su primer disco, Camahueto se inscribió en justa medida dentro de la tradición del rock progresivo chileno contemporáneo, aportando una propuesta sólida, ambiciosa y coherente, que dialoga con las raíces del género sin perder una voz propia.

David Amar, bajista de la banda, nos interioriza sobre la historia del grupo, el proceso de grabación de “Reflejos” y los futuros desafíos de Camahueto en la siguiente entrevista.

¿Cómo recuerdan los primeros pasos de Camahueto? ¿Qué elementos motivaron la creación de la banda y cómo fue encontrando su identidad inicial?

Cuando llegó la pandemia pasó que nos encontramos con un receso forzado de la actividad musical general. Entonces nos volcamos todos a usar los medios digitales. En ese contexto y viendo algunas colaboraciones entre músicos a nivel internacional, se me ocurrió que podía juntar a un grupo de músicos conocidos, crear colectivamente y grabar algunos temas. La intención era que la impronta de cada músico quedara plasmada tanto en la creación como en la interpretación. Los músicos que inicialmente dieron inicio al proyecto, son los mismos que permanecemos a día de hoy, con excepción del baterista, que en un principio era Esteban Silva, de Tephiret y Kafod, sin embargo, al poco andar se vio con dificultades para continuar, pero colaboró mucho en la composición del single “Reflejo”.

Iniciamos en enero del 2021. No había norte en cuanto al estilo, la premisa base era que íbamos a componer un tema cada uno y que cada cual imprimiría su sello, también en los arreglos, realizados por cada uno en su instrumento. Cuando tuvimos listo “Reflejo”, de Jano Valderrama, y tras la partida de Esteban, se invitó a Cristian Münchmeyer, que cayó parado.

Al ver que la cosa andaba bien y había ganas, decidimos proyectarnos como banda y sumamos a Mauricio González para hacerse cargo de la voz y la segunda guitarra. El nombre del single responde precisamente a eso, es reflejo del estilo de cada músico.

La dinámica de trabajo se fue acomodando en relación al tiempo que teníamos, que era y sigue siendo, muy acotado. Decidimos que lo mejor era que alguien presentara un tema completo en su estructura, en su esqueleto, y sobre eso construir los arreglos y modificar lo que fuese necesario. Alejandro es muy inquieto creativamente y aprovechamos eso para abastecernos de canciones.

La identidad musical es una consecuencia lógica de meter en la juguera las bandas de la que habíamos sido parte, tiene un poco de cada una, no hay una idea muy pensada de dónde debemos ir.

El nombre “Camahueto” tiene un fuerte arraigo en la mitología chilota. ¿Qué significado simbólico o conceptual tiene para ustedes?

Para el nombre buscaba algo que fuera identitario, nacional y que no hubiera otra banda que lo tuviera. Fonéticamente, Camahueto es un tanto áspero, quizás contra intuitivo para bautizar a un grupo de progrock, pero eso terminó jugando a favor.

El Camahueto es un animal fuerte, onírico, que muta, que avanza como un torrente buscando su camino y que deja vestigios de su paso. Tanto la criatura como su leyenda están de alguna manera presente en lo que buscamos con nuestra música.

¿Cuáles han sido las influencias —chilenas, latinoamericanas o internacionales— que más han marcado el sonido de Camahueto?

Nuestras influencias individuales no son ninguna sorpresa, Génesis, Yes, Rush, Pink Floyd, Los Jaivas, King Crimson, Serú Girán, La Máquina de Hacer Pájaros, Spock Beard, Flower Kings, PFM, algo de jazz y música clásica, entre muchas otras. Al momento de los arreglos los usamos como referente para resolver algunas ideas, no tanto para buscar un sonido similar.

Su música suele fusionar rock progresivo con elementos propios. ¿Cómo equilibran la tradición progresiva con una identidad sonora local?

La tradición progresiva está presente en los pasajes complejos, en las métricas, en el uso de sonidos como el mellotrón, moog, Hammond, en los patrones rítmicos de la batería, en el bajo con algo de drive, etc. La identidad más local aparece en las melodías, en la estructura más sencilla de las canciones, el uso del 6/8 que remite a la cueca, y las letras en español entre otras cosas. Podría decirse que son temas simples con pasajes un poco más complejos y con sonidos tradicionales del prog rock.

¿Qué lugar ocupa la narrativa o la simbología en sus composiciones? ¿Hay una intención conceptual detrás de sus obras?

En realidad, se ha dado que aparece primero la música, sin un concepto previo y luego se le va revistiendo de una identidad particular en lo conceptual.

Águila Calva, por ejemplo, debe su nombre a la fuerza con la que se presenta en la instrumentación inicial, que deja luego un llano que abre espacio al canto y una ambientación de teclados, para cerrar de manera similar a la inicial. Buscando algo que diera imagen al panorama sonoro completo del tema, vale decir, fuerza inicial, silencio, atmosfera y retirada, (también con fuerza), se encontró un símil con el proceder bélico de las intervenciones norteamericanas. Ataque, desolación, extracción, retirada para repetir el ciclo en otra parte. El águila calva está en su escudo y sintetiza bien el concepto.

“Crecer”, por su parte tiene algo dulce y melancólico a la vez, algo nostálgico, de ahí surge esta idea de evocar la niñez como una etapa que se va rápido y que nos hace perder cosas valiosas al llegar la adultez. Crecer en este caso no se presenta como algo necesariamente positivo, la canción es en realidad un cuestionamiento. Algo similar ocurre con “Programa”.

Los temas instrumentales se han bautizado generalmente según lo que les da origen, o como han llegado a constituirse.

¿Cómo funciona el proceso creativo dentro de la banda? ¿Compone uno de ustedes o es un trabajo colectivo?

Alguien llega con un tema más o menos armado y entre todos construimos los arreglos, vamos acomodando según van apareciendo; letra, melodía, anexos complementarios, intros, interludios, etc. Es una modalidad más bien pragmática debido al tiempo escaso. Hay muy poco espacio para la improvisación.

En términos de producción, ¿qué desafíos han enfrentado para capturar en estudio la complejidad y matices del sonido progresivo?

Buena pregunta. Antes de llegar al estudio, creamos el boceto completo, grabamos cada uno en su casa los instrumentos, luego hago el ensamble con un DAW, proyectamos una premezcla y luego vamos a grabar. Elegimos un buen lugar que pueda sacar el lustre al sonido, sobre todo a voces y percusión.  Somos meticulosos en términos de edición y mezcla y buscamos que el resultado tenga un sonido moderno, basándonos generalmente en bandas del estilo a nivel internacional y con producciones recientes. El resto lo hace “la magia” de los profesionales del lugar.

¿Cómo perciben la escena progresiva en Chile actualmente? ¿Existe una comunidad, un circuito real, o aún es un espacio por consolidar?

La escena local del rock progresivo es a nuestro juicio muy irregular. Ha habido momentos de mayor presencia en medios y escenarios y otros menos visibles. Hubo un silencio de más de una década desde los estertores del progresivo a inicios de los 80, hasta la aparición de Tryo, Quinto Dual, Shilensis, Elfos, Matraz, Exsimio y otras bandas que brotaron en los años 90 y que tuvieron incluso apoyo radial. El ciclo se repitió, pasó casi otra década para el surgimiento de Subterra, Octopus y un gran número de grupos que irrumpieron con fuerza a principios del 2000. Hubo otra camada en los 2010, con Aisles, Ánima, Tephiret, Kafod, etc. Muchas de las bandas que nacen, hibernan o desaparecen están formadas por el entrecruzamiento de los mismos músicos integrantes, como el caso nuestro.

Parece ser que falta colaboración entre las mismas y un movimiento aglutinador, que permita generar espacios. El perfil del oyente tampoco ayuda mucho, generalmente un escucha entrado en años, que prefiere oír en su casa que ir a conciertos. Y no nos engañemos, somos un estilo de nicho.

Parece ser que los cultores del prog rock más clásico, nos hemos quedado un tanto anquilosados, ha sido difícil sortear las décadas. Tryo lo ha hecho con cierto éxito y han tenido también cierta notoriedad internacional junto a Aisles.  Hay algunas bandas que cultivan un progresivo más contemporáneo, más jugado y hay que estar atento a ello.

¿Qué dificultades o ventajas particulares tiene hacer rock progresivo en Chile hoy?

Bueno, siguiendo la idea anterior, es un estilo de nicho, difícil de digerir, sobre todo en un mundo donde los oyentes buscan cada vez más la simplicidad y evitan que el oído tenga que hacer demasiado trabajo. En cierta manera también le falta remozarse.

En su nacimiento el rock progresivo innovó con justamente eso, progresiones. También había experimentación, tecnología. Búsqueda. Creo que lo que etiquetó al género, también lo momificó. Se transformó en rock clásico complejo, pero no ha “progresado” mucho.

Quizás la excepción haya sido la fusión con otros estilos, como el metal, o el surgimiento del mat rock, o el pop con reminiscencias. Por ahí hemos escuchado hasta Joropo progresivo con los maravillosos “Compasses” agrupación Venezolana. Falta apostar más por la innovación y encontrar nuevas vetas de experimentación. 

¿Cómo influye el público chileno en su desarrollo musical? ¿Perciben un crecimiento en la audiencia prog?

En general sangre joven que guste del prog rock, no es mucha. La mayoría de oyentes pasa de los 40 años, incluso aquellos que conocieron el estilo a partir de bandas de metal progresivo que tuvieron su peack a principios del siglo XXI, ya tienen cierta edad.  Hemos notado que el público en los conciertos son una mezcla de melómanos, amistades y otros músicos, e hijos de todos los anteriores, pero pocos oyentes “frescos” que se dejan caer en las salas para oír algo que no conocen y ver de qué se trata. En los medios digitales hay un poco más de apertura, pero es difícil hacerse notar en un mar de ofertas. 

Su reciente álbum “Reflejos” ha tenido muy buena recepción. ¿Qué objetivos artísticos se propusieron y creen haber alcanzado con este trabajo?

No tuvimos más objetivos que parir y presentar un producto que sonara bien. Fue un trabajo largo porque habiendo integrantes de distintas regiones, y con tiempos muy acotados, la frecuencia de trabajo fue poca. Pero luego de lanzar el single vimos que se podía producir algo que nos entregara satisfacción en cuanto a su resultado. Pusimos la energía en tratar de ser productivos y completar un paquete de canciones que pudiéramos presentar a modo álbum. La recepción positiva es un regalo adicional que nos ayuda a posicionarnos en el medio local y estimula a seguir trabajando.

¿Hay algún concepto central que articule su disco actual o sus composiciones recientes?

Si bien cada tema tuvo una génesis independiente, quisimos usar el reflejo para aunar los temas bajo un concepto. Cada tema presenta una impresión, una lectura de la realidad, más global en los temas con letra y más personal en los instrumentales. Son un reflejo de las cosas que vemos y las que no, aquella capa que salta a primera vista y aquella que a veces no queremos ver.

La edición en CD que realizó Mylodon Records contiene dos bonus tracks. ¿Qué nos pueden contar de esas composiciones?

Los bonus son material que decidimos dejar como piezas individuales de sus compositores, ya que funcionaban por sí solas y aportan un ambiente más minimalista y reposado al disco.

Efluvio es una pieza sugerente que alude al estar descubriendo o contemplando en silencio a otro en ambiente de intimidad y reposo, donde todo ocurre por dentro, a nivel de las emociones. Desde el Inicio, nos retrotrae al chispazo del origen vital, el viaje inicial de la vida o de cualquier instante donde uno se lanza, o se deja llevar para vivir algo nuevo.

¿Qué nos pueden adelantar sobre el material en el que están trabajando hoy? ¿Se aproxima un nuevo disco?

Estamos trabajando en singles, vamos a lanzarlos durante 2026, ya estamos en etapa de masterización de los 2 primeros que verán la luz en enero y mediados de año. Uno habla sobre el recorrido de su propia vida que mentalmente hace cada noche un hombre promedio, al llegar a su casa, como un rito que no le permite dormir, pero que le da sentido a su existencia.

El otro es un tema que presenta en juegos de palabras, como se mide el valor humano en relación a su actividad bursátil, y llamándolo a convertirse en “un tipo de interés” concepto con doble o triple lectura.

¿Visualizan una evolución o un cambio de dirección musical para la próxima etapa de Camahueto?

El material nuevo va en la línea de lo que presentamos en Reflejos, optamos por fortalecer el sello adquirido hasta acopiar más material que nos haga sentir que lo hemos explotado lo suficiente. Ya llegará el momento de mover un tanto el timón.

Algunos de ustedes participan en otros proyectos musicales. ¿Cómo dialogan esas experiencias con el trabajo en Camahueto?

Eso depende de cada cual. Algunos buscamos componer o hacer arreglos absolutamente diferenciados para cada proyecto y otros buscan que su sello personal esté presente en cualquier banda donde participen, y se da también que sea un asunto espontáneo, dando como resultado una mezcla de ambas.

¿Hay colaboraciones, invitados o cruces musicales que les gustaría explorar en el futuro cercano?

Absolutamente, ya hemos pensado en invitar a otros instrumentistas que enriquezcan el espectro sonoro, ya sea vientos, cuerdas, voces, etc. Pero aún falta para ello.


Mirando hacia adelante, ¿cuál es la ambición artística que guía hoy a Camahueto?

A corto plazo, queremos producir material en formato single, para engrosar el acervo musical y tener mayor repertorio. Esperamos a mediano y largo plazo trabajar en un nuevo disco innovando en concepto, estilo e instrumentación.

Finalmente, un mensaje a los lectores de Música Sin Límites

Es genial contar con estos espacios que permitan dar a conocer el trabajo tras bambalinas de la producción musical de las bandas. Estamos felices por la recepción, el apoyo incondicional de Mylodon Records y agradecemos infinitamente a nuestros oyentes por darle cabida a nuestra música. ¡Un gran abrazo para todos y estén atentos a las próximas novedades!

JB

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