Jaime Rosas “Estoy concluyendo un ciclo con la música progresiva”

Aunque todo parece fluir para el siempre inquieto tecladista Jaime Rosas (Entrance), la reciente edición de “Tres Piezas de Rock Progresivo”, su nuevo disco en estudio, trajo consigo un “bonus track” insospechado, una decisión inapelable y sorpresiva.

En marzo de este año, el prolífico músico chileno publicó su duodécima entrega, un disco de cinco composiciones, pese a lo que versa su nombre, impregnado hasta la médula de sinfonismo, en el cual toman parte también dos reconocidos músicos de la escena progresiva chilena, como es el caso del bajista Braulio Aspe (Crisálida, Octopus) y el baterista Fernando Jaramillo (Exsimio), actualmente radicado en Estados Unidos.

Pero este registro, no sólo constituye un capítulo más de su vasta discografía, sino que también representa una suerte de despedida del circuito progresivo, una etapa que podría definirse como el inicio del término de un ciclo en este estilo musical, el cual será consagrado además con la edición de otros dos álbumes que serán publicados entre el segundo semestre este año y el inicio de 2026.

Como si se tratase de un libro, Rosas señala que ha llegado al epílogo de sus incursiones progresivas, pero no así de su relación con la música, ya que con idéntica convicción adelanta que sus proyectos musicales no se acaban aquí, sino que la decisión adoptada implica más bien un cambio de camino y un nuevo transitar, esta vez desde la vereda de la música clásica.


Quisiéramos iniciar esta conversación conociendo tu sentir respecto a “Tres Piezas de Rock Progresivo”. ¿Qué nos puedes decir de este nuevo registro? ¿Cuál fue la inspiración principal para esta obra?

Jaime Rosas: -Mi camino de entrada a la música fue a través de la composición, mi formación es clásica, lo que significa que sigo una tradición europea: Bach, Beethoven, Tchaikovsky (que por muchos era considerado más europeo que ruso), Mahler, Stravinsky (él siempre fue más ruso que europeo). Entonces, sin sorpresa alguna, mi inspiración para esta obra viene de esa tradición. Hace algunos años compuse un ciclo de piezas para piano llamadas “Progresiones para Piano”. Esa obra tenía las características de ese mundo: exploración rítmica, desarrollo armónico y un lenguaje en general, clásico, usando recursos como la fuga, el contrapunto, dinámicas, etc.

Compuse tres de esas piezas y, como muchas veces sucede, quedaron guardadas para una revisión posterior. El año pasado las revisé y me propuse orquestarlas para power trío: teclados, bajo y batería. Las “Progresiones para Piano 2 y 3” son, nota por nota, exactas a ‘Contrarobot’ y ‘La Cueva del Mylodon’. La número 1 se convirtió en ‘Reflexiones’ y en la ‘Cueca Contemporánea’. Aprovecho de pasar el dato: si a algún pianista clásico le gustó este disco, que me escriba para entregarle las partituras originales y que las incorpore a su repertorio. A veces hay trabajos que uno graba y al poco tiempo le gustaría hacer unos cambios, este disco, al contrario, es un trabajo maduro, y estoy 100% satisfecho con la forma que quedó.

Hay que reconocer que el disco suena bastante bien…

-¡Bendita tecnología! Hoy es perfectamente posible que tu home studio suene 100% profesional. En este disco cada músico grabó en su casa y yo me encargué de mezclar y masterizar en Opus 125, mi home studio. El sonido de la batería es clave y quise acercarme al que se logra al ensayar, que es un sonido bastante particular, totalmente diferente al en vivo y al de la mayoría de los discos. En un ensayo, todos estamos cerca y la batería es más “sucia” porque los platillos suenan fuerte.

Otro aspecto a destacar es, sin duda, el complemento que lograste con los demás músicos que participan en el disco, como son Fernando Jaramillo y Braulio Aspé. ¿Cómo se produce esta relación musical?

Ellos son músicos con una excelente formación. No solo son virtuosos, sino que además tienen un conocimiento musical profundo y eso hace que el proceso sea muy fluido. Además, compartimos el amor por el rock progresivo, así que tenemos un lenguaje común. Para grabar el disco, les envié las partituras, conversamos sobre aspectos generales de interpretación, grabaron en sus respectivos estudios… y listo. Hicimos solo algunos ajustes menores; nadie grabó más de dos veces. Es un lujo trabajar con ellos. Este disco contiene música compleja, y como compositor muchas veces uno se enfoca más en la obra en sí que en cómo será interpretada. Pero ellos pueden tocar incluso la música más exigente. Ambos se dedican 100% a la música. Braulio es todo un referente por este lado del mundo, no solo como intérprete sino también como profesor. Y Fernando gira por todo el mundo tocando en varias bandas, no solo de rock.

Respecto a la obra en sí, ‘Cueca contemporánea’ es una apertura más que interesante. Podríamos decir que se aprecia como un homenaje a Chile y su cultura.

-La cueca —para quienes no lo saben— es el baile nacional de Chile. Armónicamente es bastante simple, pero rítmicamente es muy interesante. Primero, por “las palmas”, ese aplauso en los tiempos débiles del compás, que le da un matiz muy particular. Y segundo, porque durante “la vuelta” que hacen los bailarines, la métrica de 6/8 cambia a 3/4 por un compás, lo que genera un respiro muy singular. Esta cueca rockera parte con nuestro baile nacional y va mutando de a poco: primero hacia un contrapunto con algo de Bach, hasta llegar a un blues, para finalmente volver con el ritmo de cueca. Quise comenzar así el disco porque es un tema corto, directo y sienta las bases para lo que viene.

Hablemos de los temas más extensos que componen el disco. Por un lado, tenemos ‘ContraRobot’ y el variopinto ‘Reflexiones’, ambos poseen una ineludible veta de música clásica. ¿Qué tan relevante resulta este universo en tu construcción musical?

-Absolutamente central. Provengo de ese mundo y es el lenguaje que hablo como compositor. Sobre la inspiración y los títulos de las piezas, sucede algo interesante. Pero antes, déjame darte algo de contexto sobre el lenguaje musical. Jaime Donoso lo explica muy bien en su libro “Introducción a la Música en Veinte Lecturas”: la música instrumental, en su estado más puro, es autorreferente. Apela a sus propios elementos —ritmo, tempo, altura, textura, timbre, dinámica— y su valor depende de cómo se combinan esos elementos, que constituyen su esencia. Esto significa que una persona comprenderá y disfrutará más profundamente la música si conoce y entiende esos componentes.

Una apreciación menos profunda, en cambio, suele estar basada en emociones: “Me recordó mi juventud”, “tiene fuerza”, “me conmovió”. Y eso también es válido, incluso necesario, pero no alcanza la profundidad que ofrece entender realmente lo que la música es, en su esencia. Te comento esto porque, al componer, uno rara vez está pensando en algo fuera de la música misma. Por eso, al momento de ponerle nombre a una obra, entran en juego otros factores. Las excepciones más claras son la música de cine y la música programática, popular en el siglo XIX, donde hay referencias explícitas al mundo externo.

Es difícil ponerle nombre a un tema instrumental. Por ejemplo, ‘Erotomanía’ de Dream Theater, ‘Toccata’ de Emerson, Lake & Palmer, ‘Wot Gorila?’ de Genesis, ‘Toad ‘de Cream, ‘Thanks for the Pepperoni’ de George Harrison, ‘Red’ de King Crimson o ‘Moby Dick’ de Led Zeppelin podrían haberse llamado ‘Andando en mi Bicicleta Cerro Arrib’a y a nadie le hubiera extrañado. Hay casos en que sí hay una relación más directa entre música y título, como ‘Spain’ de Chick Corea, que efectivamente utiliza escalas españolas o ‘For the Love of God’ de Steve Vai, en la que hay un aire espiritual que se refleja tanto en la música como en el videoclip. En la música clásica, la mayoría de los títulos se enfocan solo en la forma y orquestación: ‘Concierto para Piano y Orquesta’, ‘Cuarteto de Cuerdas’, ‘Sonata para Cello’, ‘Preludio y Fuga’… nada de significados extra musicales. Solo hacen referencia a la música en su forma más pura.

 

Lo docto y lo moderno, en este caso es un cuadro que calza de buena manera.

Como te comenté, la música de este disco viene de un ciclo de composiciones para piano, entonces al orquestar ‘Contrarobot’, es decir, al elegir qué instrumentos tocarían las diferentes partes de la música, decidí dejar que una parte la interpretara el computador: cada vez que tocamos como power trío en ese tema, hay una secuencia robótica presente. Solo en ese momento elegí el nombre de esa pieza porque sería un contrapunto constante de la banda con el “robot”. Las partes calmadas rinden homenaje a los lenguajes sonoros de la ciencia ficción clásica, entremezclando ecos robóticos, pulsos mecánicos y memorias digitales que marcaron el imaginario del siglo XX. Luego hay una referencia a ‘Karn Evil 9’, la composición de ELP que describe la lucha hombre/máquina y termina con una secuencia famosa de su Moog, sugiriendo que las máquinas ganaron. Finalmente agregué las leyes de la robótica de Isaac Asimov (en español e inglés para que no quede duda) y combinando voces humanas y robóticas. En esta pieza, el nombre ‘Contrarobot’ hace sentido con la música que escuchas.

En ‘Reflexiones’, es todo lo contrario, es una de esas piezas instrumentales que se podrían haber llamado ‘Andando en mi Bicicleta Cerro Arriba’ y todo sería lo mismo. Es, como tú dices, “variopinta”. Tiene elementos rítmicos difíciles, una fuga a tres voces, partes calmadas en piano y un solo de hammond que me gustó mucho tocar. Y, claro, la inspiración viene de la música clásica, todo traducido a un estilo rockero progresivo. Me gusta mucho poder hacer música que sea, a falta de un mejor término, entretenida; es decir que sorprenda, que sea variada, que no se deje predecir fácilmente.

“La Cueva del Mylodon” es un tema realmente poderoso con un alto predominio de sinfonismo. ¿Hay algún guiño especial acá?

-Cuando grabamos esa composición, tenía otro nombre, se llamaba ‘El Laberinto del Minotauro’, haciendo referencia a la mitología griega. Ese nombre trataba de expresar una sensación de estar volviendo sobre algo, de no poder completar una etapa y tener que seguir. Desde el minuto 4:20 hasta el final, la música es así, crece en complejidad y solo resuelve al final de la pieza. Personalmente creo que es una de las mejores composiciones de mi carrera. Y bueno, decidí dedicar esa música a Juan Barrenechea, el cerebro tras Mylodon Records (que para los que aún no se han dado cuenta, es quien me está haciendo esta entrevista). Así fue cómo llegue al nombre definitivo, ‘La Cueva del Mylodon’, que es un lugar real en el extremo sur de Chile donde vivió el Milodón, un animal prehistórico de la Patagonia. El cambio de nombre entonces es un regalo y un agradecimiento a Juan por haber dedicado tantos años y tanto esfuerzo a levantar un sello discográfico, un festival, una revista, además de haber sido tour manager de innumerables giras.

¿Qué nos puedes decir del experimento realizado en ‘Jazz.Prog.Mambo’?

-Siempre admiré a Chick Corea por su capacidad para pasearse por diferentes estilos de manera totalmente natural y orgánica. Él mezclaba jazz tradicional, música española, latina, jazz rock y música clásica sin ningún esfuerzo aparente. ‘Jazz.Prog.Mambo’ sigue esa línea, la dificultad está en lograr un todo coherente y eso creo que se logra gracias al trabajo de Fernando en la batería; es él quien logra dar esa coherencia natural al pasearse por diferentes estilos de manera totalmente orgánica. Me gusta ese track porque pese a que el nombre te indica de qué se trata, otra cosa es escucharlo y entender cómo resolvimos esta mezcla rara de jazz, mambo y prog. Es una pieza un poco más liviana y está al final del disco para dar un descanso auditivo a tanta música más compleja. Además, cerramos el disco con el espíritu en alto, felices y livianos.

Siendo éste tu duodécimo disco, y considerando también tus otros proyectos, ¿cuál es el balance de lo realizado a través de estos años?

-Ha sido un camino que solo me ha entregado cosas positivas y ha sido una parte fundamental de mi vida. Hay un elemento de sincronicidad bastante notable y que lamentablemente no se ha repetido con tanta fuerza. La primera década de este siglo se produjo un estado muy virtuoso para el rock progresivo especialmente en América Latina. Esto, fruto de muchos actores, complementarios entre sí, que lo dieron todo por lograr un verdadero movimiento: músicos, radios, medios escritos, sellos discográficos y festivales. Todos trabajando por un propósito común. Cómo no recordar el Festival Baja Prog de México, el Rio Art Rock Festival de Brasil o el Santiago Art Rock en Chile. Había muchos festivales en que nos encontrábamos con músicos de todo el mundo en muchas ciudades del continente, y a menudo con teatros llenos y con gente ávida por conocer música nueva. Y en cada ciudad había radios y medios escritos interesados. He tenido la fortuna (y la constancia) de grabar muchos discos, cuatro con Entrance (uno en vivo) y, hasta ahora, ocho como solista. Ha sido un camino largo que está terminando.

¿Por qué esa frase final? Se podría inferir que estamos frente al cierre de algún ciclo, ¿o es el comienzo de otro?

-Efectivamente, estoy terminando un ciclo importante y aprovecho de contarte que sólo voy a hacer dos discos más. Luego de eso me voy a dedicar 100% a ser un compositor de música clásica. Para mí es una evolución natural. He estado trabajando harto, el año pasado compuse un Concierto para Marimba y Orquesta y mi Segunda Sinfonía (la primera está en “Virgo”, mi primer disco solista). Ahora estoy trabajando en un “Poema Sinfónico” y en una pequeña obra para ensamble de percusión.

De alguna manera vuelves al origen…

-Exactamente, vuelvo al origen, pero con más canas. Y regreso con la convicción que es el camino correcto y que ya he aprendido harto como para hacer que esta vuelta valga la pena.

¿Y nos puedes adelantar cómo serán esos últimos dos discos?

-El primero se llamará “Suites Progresiva”, y se acerca mucho al estilo que tenía con Entrance, es decir un rock progresivo sinfónico clásico, con muchas voces, guitarras, teclados, bajo y batería. Ese disco va a salir en septiembre de este año. Mi último disco se va llamar “Caminos” y será un trabajo en que están todos los estilos que me gustan. Tiene 5 tracks: uno de power trío progresivo, un standard de jazz, un cuarteto de cuerdas, un track de progresivo sinfónico y, para terminar el disco, un tema más pop progresivo, con Solange Sosa, la cantante argentina. Ese disco debería salir a principios del 2026.

Te quiero llevar a algunos años atrás. ¿Qué me puedes decir de “One Silent Shout”?

-Fueron 10 años de trabajo, desde que me llegó la inspiración (el llamado) hasta que el disco salió. La idea original surgió en junio de 2007 en el aeropuerto de Atlanta, donde presencié cómo los soldados se despedían de sus seres queridos y partían a la guerra. Para una persona que vive en Chile y su interacción con la guerra ha sido a través de la televisión, cine, libros e internet, fue una escena abrumadora, un momento muy emotivo y triste. Pero curiosamente, también era una escena invisible, ya que la mayoría de la gente no veía lo que yo estaba viendo, solo pasaban como si nada. Imagínate, 200 soldados -hombres y mujeres- de todas edades, tamaños y colores, despidiéndose de sus seres queridos para ir al otro lado del mundo a pelear en una guerra. No hay que ser muy perspicaz para entender que algunos iban a morir y que muchos iban a volver con un severo estrés post traumático que iba a condicionar sus vidas y la de sus familias.

Un leitmotiv profundo, sin duda.

-El leitmotiv de “One Silent Shout” es el respeto por la vida y la odisea de un hombre que ama profundamente a su familia y quiere hacer una diferencia en el mundo. Es una ópera rock de 2 horas y 12 minutos con dos actos, cada uno con 14 partes. Comienza con una obertura instrumental (como debe ser) y luego aparecen los cantantes. Está orquestada para una banda de rock (batería, bajo, guitarras y teclados), orquesta de cuerdas, tres cantantes solistas y un coro masculino. Fue un proceso bastante largo de creación: terminé las letras para mi cumpleaños en 2012 en Bucerías, al norte de Puerto Vallarta, en México. La última nota de música fue compuesta en mi estudio Opus 125, en Chile, en mayo de 2017, durante el proceso de post-producción de audio. Fue una aventura muy satisfactoria y estoy muy orgulloso de los resultados finales. Conocí gente muy talentosa y definitivamente crecí como artista.

Cuéntanos más detalles de cómo lograste dar vida a esa historia musical.

-Fue un trabajo que ciertamente no hice solo. Al desarrollar la historia primero investigué harto para darle credibilidad, luego me asesoré con gente en Chile, escritores y dramaturgos, que me ayudaron para que pudiera contar una historia creíble, a través de personajes con motivaciones claras. Luego, cuando la historia estaba terminada y tenía las primeras grabaciones, me asesoré con un productor en Nueva York y tuve que rehacer la mitad de lo escrito. Entre otras tareas, me recomendó leer “El Viaje del Escritor” de Christopher Vogler, un libro de estructura mítica y que se basa en el trabajo desarrollado por Carl Jung (arquetipos) y Joseph Campbell (El Camino del Héroe). 100% recomendado. Recién luego de todo ese proceso, terminé la versión final de la historia y la volví a mostrar a dramaturgos en Chile, en ese momento recién aprobé esa parte de la tarea. Todo eso demoró varios años.

En lo musical, la dificultad radicó en armar un buen equipo. Instrumentistas y cantantes. Jaime Scalpello cantó el papel principal y su hija Mariana, cantó el papel de la hija del protagonista. Lua de Morais cantó el otro rol principal. Un lujo de cantantes. Después armé el coro con amigos músicos y no músicos, todos cantantes afinados y muy motivados por las grabaciones. Yo haciendo de director de coro, mostrando las melodías y dirigiéndolos en las sesiones de grabación. La edición del disco es un absoluto lujo, disco doble con un libro de 48 páginas. Vendimos muchas copias en Japón, otras, por encargo, en Chile y dejé varias en Nueva York en mis viajes de promoción.

¿Cuál fue tu evaluación final de esta ópera rock?

-En lo musical quedé muy conforme, buen proceso, buen disco. En mi modo de ver el mundo, esta obra debe existir porque aún hoy normalizamos enviar personas a morir. Creo que el dolor de la guerra necesita arte para procesarse, de otro modo, el silencio del trauma es ensordecedor. Lo que vino después no estuvo a la altura de mis expectativas, no por la obra en sí, sino por las condiciones externas que enfrenté. Esta ópera rock la compuse para ser representada en vivo, en el teatro, y eso no ha sucedido. Fui a Nueva York varias veces a conocer gente y crear redes, hubo avances, pero después, el mundo se detuvo por el Covid. Broadway, el distrito de teatros de Nueva York, es extremadamente competitivo, primero por la cantidad limitada de teatros, luego hay que considerar que muchos de esos teatros son de Disney (y presentan solamente sus obras) y otra cantidad importante presenta adaptaciones o reestrenos, por ejemplo, “Los Miserables”, “La Historia de Michael Jackson”, “El Gran Gatsby”, “Cabaret”, etc. Entonces el espacio para obras inéditas es muy reducido y arriesgado financieramente. Hay literalmente, cientos de artistas que luchan por ese cupo en Broadway, en Off Broadway y (no es chiste) en Off Off Broadway. Lamentablemente para seguir con ese proyecto necesito un equipo, financiamiento y contactos de alto nivel que no tengo. Como resumen, con esta obra dije algo que tenía que decir, aunque aún no encuentre su escenario. “One Silent Shout” no es solo una ópera rock sobre un soldado. Es sobre todos nosotros, cuando elegimos callar ante lo que nos duele.

Después vino “Ikaro”, un disco muy espiritual. Se asemeja como a un diario de vida musicalizado e inspirado en el Amazonas.

Exactamente eso es. Fui al Amazonas en febrero del 2015, luego de terminar la primera parte de las sesiones instrumentales de “One Silent Shout”. Fue un viaje que necesitaba para reencantarme con la vida, para energizarme y para constatar de primera fuente que la vida es mágica. Estuve varias semanas en la selva, cerca de Pucallpa, en Perú, en un lugar en que se practica la medicina de una cultura milenaria, los Shipibos. Esta cultura sigue una tradición de contacto directo con la naturaleza, una tradición cuyos orígenes en Sudamérica se remontan a 2.500 años atrás: los Shipibos sanan el alma a través del uso de plantas maestras, de una alimentación sana y de una serie de rituales chamánicos. Fueron semanas extremas. Extremas en magia, intensidad, amor, descubrimiento, vida, optimismo, animales e insectos. Semanas que me hicieron crecer. Regresé a Chile con el cuerpo limpio y con el alma limpia. La medicina milenaria de los Shipibos produce un encuentro con el inconsciente. Te convierte en una persona desnuda frente a todos tus anhelos, conflictos, miedos, sueños, temas no resueltos y te da la perspectiva para resolverlos, por muy doloroso que pueda llegar a ser el camino. Los chamanes tienen el poder para ayudarte en ese proceso a través de su propia sabiduría, de poder canalizar la energía de la selva, de la medicina de las plantas sagradas y de los Íkaros, su canto sagrado.

“Ikaro” es entonces, como tu bien dices, un diario de vida de ese viaje. No es un disco progresivo per se porque no tiene el desarrollo armónico, rítmico o melódico que se usa en este tipo de música. Su desarrollo es a través de la repetición -como de hecho son los Íkaros en las ceremonias chamánicas- y en cada repetición existe un pequeño cambio ascendente, podríamos decir, para acercarse a un estado psicológico y espiritual que permita entender, enfrentar y resolver. Sonoramente el disco mezcla mucha percusión acústica con sonidos electrónicos, intentando mostrar un estilo que equilibra la selva y la tecnología; el pasado y el presente; la sabiduría antigua y la ciencia moderna. El disco tiene varios cantantes: Lua de Morais, Loreto Chaparro (cantante de Matraz), Mariana Scalpello y el gran Rodrigo Godoy, mi compañero de mil aventuras musicales. Es un trabajo distinto dentro de mi discografía.

Ahora te quiero llevar al plano de la industria musical, ¿cuál es tu opinión de los formatos? ¿Existe alguno que te agrade más?

A mi modo de ver, los vinilos y CDs suenan muy bien, son distintos pero el nivel sonoro es superior. Yo tengo los discos en vinilo de los músicos que grabaron para vinilo en los sesentas y setentas: Beatles, ELP, Genesis, Yes, Creedence, Zeppelin, Rick Wakeman, Kansas, etc. Todo eso tiene un sonido increíble. De alguna manera, el formato condiciona a los músicos, es decir en esa época los músicos componían y grababan pensando en cómo iba a sonar, en el rango dinámico, en la duración del disco, etc. Si tienes un buen sistema de sonido, te puedes dar cuenta de las diferencias entre ambos formatos: mientras que el vinilo suena más cálido, el CD tiene un rango dinámico superior. Pero finalmente son sutilezas y hay muchas percepciones subjetivas de las personas. Hay también mucho de moda.

¿Y cómo crees que ha influido la era del streaming en la música en general y en la progresiva en particular?

De la peor manera. Literal. Existe un fenómeno psicológico innegable: le asignamos un mayor valor a aquellas cosas que nos han costado más conseguir. Eso es parte de la experiencia humana: lo que nos ha costado más, lo cuidamos más; lo que no nos ha costado, tiende a ser más desechable. Antes del streaming, la experiencia con la música comenzaba al querer un disco que no tenías, ahorrar, ir a comprarlo, escucharlo hasta el más mínimo detalle, deleitarse con el arte de la carátula, leer toda la información impresa y compartirlo con tus amigos. Hoy, con el simple movimiento del pulgar, accedes a todo. Se perdió la mística. Yo lamento mucho que, con la tendencia actual, las nuevas generaciones no puedan tener esa cercanía con la música que nosotros tenemos. Se pierden una experiencia profunda con la música.

¿A qué atribuyes esta condición?

A que hoy existe una tendencia de inmediatez: todo tiene que ser rápido, instantáneo, te tiene que atraer en el momento. Esto también tiene un resultado nocivo para la música misma. Sting decía en una entrevista que la música popular es ahora más simple, porque las canciones ya no tienen un “puente”, que es una parte de la canción que une a la estrofa con el coro. Claro, hoy todo es más inmediato, la canción tiene que llegar al coro (la parte más reconocible) lo más rápido posible, de otro modo la gente se aburre, el algoritmo no te recomienda y la cantidad de streams disminuye. Ahora bien, volviendo a la experiencia con la música, los distintos estilos musicales viven realidades diferentes. En un concierto de música clásica prácticamente nadie está pendiente del celular, en la última gira de King Crimson, se prohibió sacar fotos, lo mismo hizo Tool hace poco. Eso hace que la experiencia musical sea más profunda y se desarrolle una conexión mucho más humana con la música y los músicos. Olvídate de hacer eso en un concierto de música popular, quemarían el estadio frente a tal prohibición. Es lamentable que la experiencia musical de hoy sea más desechable, más pasiva, más plana.

Otra cosa negativa del streaming, es que la mayoría de la gente escucha música en su teléfono, usando audífonos o un parlante bluetooth de calidad mediana. A mi juicio eso tiene dos problemas: uno, que la calidad de audio (fidelidad, rango dinámico), en la mayoría de las veces, no es óptima; y dos, que dejas de escuchar con el cuerpo, al escuchar música en un buen equipo, tu sientes la música en el cuerpo y en esa acción visceral, la onda sonora choca contigo y eso tiene un efecto distinto. Otro efecto innegable del streaming es la baja en la venta de discos físicos y eso es negativo por donde se le mire.

Finalmente hay cosas positivas: la posibilidad de descubrir música nueva es algo bueno. Y para los amantes de música clásica, la posibilidad de escuchar diferentes versiones de las obras es algo notable. Apple tiene un servicio que se llama Apple Classical y su usabilidad es perfecta, puedes encontrar la música que buscas por el nombre de la obra, del compositor, del director, del solista o de la orquesta. Y cada obra tiene muchas grabaciones disponibles, por ejemplo, busquemos la segunda sinfonía de Mahler… Mira, ¡191 versiones!

Respecto a este mismo tópico, acláranos algo: dos de tus discos: “Virgo” (2003) y “Flashback” (2011), no están en las plataformas, ¿por qué razón?

Porque no quedé contento con el resultado final, sonoramente hablando. A mi parecer, y de manera muy sincera, el sonido de esos discos es una barrera que de alguna manera dificulta apreciar la música. Sin embargo, he estado trabajando en ambos discos este último tiempo y este año voy a lanzarlos en sus versiones definitivas. “Virgo”, que es un disco hecho con samplers y sintetizadores, fue grabado nuevamente. En veinte años la tecnología ha avanzado mucho, el disco suena mucho mejor ahora, sobre todo la Sinfonía, mucho más realista. “Flashback” lo remezclé e hice algunos arreglos extra. Además, para ‘Primera Luz’, el tema full progresivo de 20 minutos que abre el álbum, grabamos las baterías nuevamente con Fernando Jaramillo al mando de las baquetas. Ambos discos suenan hoy mucho mejor y estoy trabajando en los detalles finales para sacarlos, como te dije, durante este año.

Disculpa, pero no puedo dejar de preguntar por otro de tus proyectos musicales, me refiero a Entrance. ¿Existe la posibilidad de verlos nuevamente o es capítulo cerrado?

Es un capítulo cerrado. Fue una muy buena etapa de mi vida y tengo los mejores recuerdos. Hicimos muy buenos discos y tocamos mucho, incluyendo una gira memorable a México. Es difícil mantener un grupo en el tiempo, solo funciona bien cuando todos los integrantes comparten un propósito musical común; cuando están todos convencidos de hacer una propuesta musical. Eso no ocurrió con Entrance.

¿Alguna reflexión final para esta entrevista?

-Me acordé de “Almost Famous”, la película de Cameron Crowe. Lester Bangs (interpretado por Philip Seymour Hoffman) comenta: “la música, la verdadera música, no solo el Rock & Roll, te escoge, vive en tu auto, o vive sola, en tus audífonos, en los vastos puentes escénicos y coros angelicales en tu cerebro”. Para mí, esa idea sugiere que la música es una energía con vida propia que existe independiente de uno y que te llama. Para un compositor ese llamado es a darle forma a esa energía y transformarla en algo concreto y audible. Para un amante de la música ese llamado es una invitación personalizada a entender la vida y el mundo de una manera más profunda a través de un arte infinito.

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